¿Qué es la vida? Por Félix de Azúa

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Nosotros sabemos que biológicamente, evolucionamos a partir de un primate. Pero no sabemos en absoluto en qué consistes esa evolución desde el punto de vista mental. Vemos el dibujito, porque prácticamente lo que entendemos es la película, vemos pues el dibujito darwiniano, el mono que se va levantando y que acaba con corbata y con una samsonite. Y entendemos la película. Una película que es muy convincente. Ahora, realmente ¿qué quiere decir? Si te paras un poquito a pensar y dices “voy a olvidarme del símbolo, voy a olvidarme de la representación artística” y preguntar ¿Qué demonios quiere decir esto? En el libro Autobiografía sin vida empiezo por ahí. Empiezo por decir: a ver, hay algo que no está bien explicado, Los primeros signos que tenemos de humanidad son los pequeños trazos sobre hueso de reno y las cuevas, las pinturas prehistóricas. Tienen 30.000 años de edad que es la edad de lo que consideramos más o menos humano. Hay un tipo de humanidad anterior, antropológica, la humanización de hace 500.000 años, Atapuerca todavía va más para atrás, pero no sabemos nada en el sentido de que puede ser que estén en el estadio del bios puro. Por ejemplo, ahora han descubierto que eran caníbales, lo cual ha producido un cierto pasmo. Digamos que podemos asegurar que hay humanidad a partir de que hay unos signos, hay una simbolización, hay enterramientos, hay un cierto cuidado del cuerpo, en el sentido de la mente. El cuerpo y la mente están en un intercambio que permite decir que el primero no se ha muerto del todo, que es un tránsito o lo que sea. No sabemos lo que es, pero por si acaso lo guardamos. En ese momento, desde luego, ha representación. Problema: los caballos de la cueva de Chouveux, que es por donde empieza el libro, son perfectos. Perfecto quiere decir no sólo que su realización técnica es perfecta, que ya es un misterio, porque no hay ejercicios preparatorios, no tenemos la menor documentación de gente que aprendiera a dibujar caballos. Técnicamente ya son perfectos. Pero eso no sería un problema. El problema es que son perfectos desde el punto de vista de la representación. Tú ves esos caballos están vivos, esos caballos son verdaderos, no tienen la menor diferencia con los caballos de Velásquez, incluso pueden ser mejores. ¿Cómo se explica que aquellos primates evolucionados que vivían en cueva produjera eso? ¿Qué mente hay que ponerle a ese primate hirsuto y que se parece a un simio, si uno mira esos caballos? Este es un problema gravísimo que, a mi entender, ha quedado enterrado por el progresismo burgués revolucionario. La idea de progreso, y la película de Darwin lo representa estupendamente: hay un progreso, pues la idea de progreso que ha sido la de la burguesía que reemplaza a la aristocracia hasta el día de hoy. Es decir, todavía hoy, a pesar de que están todo el día hablando mal de la burguesía, por desdicha, todos los progresistas no son otra cosa más que burguesía. No pueden ser otra cosa. La idea de progreso es la idea burguesa par excelence. No podría haber burguesía sin progreso, no puede haber progreso sin burguesía. La noción de progreso. Y esa noción ha destruido la posibilidad de que pensemos con seriedad cosas como ésta. No podemos pensar que el hombre de las cavernas a lo mejor era exactamente igual sino mejor que nosotros. Y que aquella vida podía ser perfectamente vivible sino más vivible que la nuestra. Eso está prohibido. Está prohibido por aquello que hablábamos antes: el conocimiento compartido. Y si tú dices: ¡Quá maravillosa sociedad y qué bien vivían los feudales y labriegos en el siglo XII” se te echan encima las fuerzas vivas. Porque jamás han pensado esa posibilidad, está prohibido pensarla. Sólo unas cuentas voces ha veces han dicho: “Oiga, cuidado, porque a lo mejor sí que vivían objetivamente mejor”.

Mejor pero menos.

Una de las cosas típicas de la idea de progreso es que aumenta el número de años. La vida. Sobre esto hay que hacer correcciones inmediatas. Primero: tampoco se sabe muy bien. Las mediciones de las edades son extraordinariamente curiosas. El subjefe de Atapuerca tiene un libro sobre los neandertales de Atapuerca con un capítulo dedicado a esto. A ver, esto de la edad, Él es un científico, no es un ideólogo. Y con los datos que se tienen, la pirámide de edad de los prehistóricos, no era tan distinta de la nuestra. Lo que pasa es que eran menos. Eran muchísimos menos. Es algo que te sorprende mucho cuando lees a los clásicos. Los griegos, por ejemplo. Cuando hablan de un anciano es realmente un anciano. Es decir, la gente llegaba a los 80 años perfectamente. Dices, ¿cómo puede ser si la esperanza de vida son 40? Tendrían que pegar un salto de los 40 a los 80, y no. Hay ancianidad normal. El Senado romano. Pero aún suponiendo que se nos haya alargado la vida, por ejemplo, con respecto a nuestros abuelos, que ya sería mucho, las correcciones son: Uno: ¿a costa de qué? La penicilina. La penicilina, efectivamente, consigue que sobrevivan muchos recién nacidos y que los viejos vivan más. Lo cual provoca, por una parte, en nuestras sociedades, unos problemas estructurales, económicos, gigantescos, pero en otras, como la africana, la pura y simple destrucción. Las sociedades africanas, eso sí está bien estudiado, antes de la colonización, es decir, antes de la llegada de la penicilina y de la quinina y de estas cosas, tenían un crecimiento orgánico. Un crecimiento ecológico, biológico. Morían y nacían de una manera equilibrada, sin necesidad de que nadie interviniera. Los recursos eran los que marcaban la gente que tenía que vivir y la que tenía que morir. A partir de la entrada de esos elementos, el crecimiento ha sido gigantesco y han empezado las hambrunas. Pero no hambrunas de que se mueran dos o tres mil personas en una zona; hambrunas de 40.000 o 50.000 muertos o 200.000 o 300.000. Es decir, que se aumenta la esperanza de vida de unos cuantos y se reduce la de otros. Eso, por un lado, el cuantitativo, Por el otro, el cualitativo, recuerdo siempre la perplejidad de Javier Echevarría, cuando trabajaba en Leibniz, en la parte de matemáticas de Leibniz, (forma parte de la sociedad de investigadores que están en la sociedad Leibniz de Hamburgo), y allí tiene una biblioteca donde están los escritos de Leibniz, en vivo y en directo. Están los verdaderos, todos a mano. Y es donde trabajan ellos a ver lo que se puede rescatar. Y me decía: “sólo escribiendo lo que hay allí, nosotros consumiríamos tres vidas. Un equipo de 50 personas estamos trabajando sólo sobre los manuscritos matemáticos, que ocupan, nada, una octava parte del conjunto, levamos 10 años y no vamos ni por la mitad”. Este tipo de efectos lo vemos en la casi totalidad del siglo XVIII. ¿Cómo era posible una producción tan gigantesca en los monasterios medievales, en los grupos humanistas renacentistas, en la ciencia del Barroco, en la ciencia del siglo XVIII? En Oxford yo trabajaba en la Voltaire’s room, que es donde está toda la obra de Voltaire, y pensaba lo mismo: “Esto, no te da tiempo de escribirlo, Si yo ahora tuviera 7 años y me pongo a escribir empezando por el primer volumen, cuando llegue al último tendré 130 años”. O sea, los registros de edad y lo de la ampliación de edad, lo tengo por poco significativo. Un poco como la altura. Es verdad somos más altos, un poco, nosotros que nuestros abuelos, que los españoles de los años 40,. Somos más altos. ¿Eso nos da alguna ventaja, es realmente progreso?

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