Entrevista a Víctor Gómez Pin

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Una parte considerable de los discursos filosóficos son glosas a otros autores. Da la impresión de que se hubiera abandonado la reflexión directa sobre el mundo.

Sí. Eso es un problema. De todos modos, una cosa es la historia de la filosofía, algo muy lícito: que se hagan comparaciones de textos, confrontación de las opiniones enunciadas, y otra cosa es la historia de los problemas filosóficos. Obviamente, para enfrentarse a la historia de los problemas filosóficos, los textos de los filósofos son una ayuda, un elemento más, un ingrediente. Lo esencial de Aristóteles consiste en que abre un abismo de interrogaciones tan absolutamente tremendo que yo pretendo que ninguna de las interrogaciones planteadas por él ha tenido respuesta. Claro, tú puedes leer los textos de Aristóteles confrontándolos a los de Kant, pero antes de establecer estas comparaciones entre filósofos, estos vínculos, creo que es fundamental tener claro a qué responde la cosa ésa que se llama filosofía: cuáles son las interrogaciones básicas, de las cuales, lo que llamamos filosofía en un sentido convencional son simplemente una manifestación.
Para decirlo casi casi de caricatura: si  tú haces una encuesta en la calle y preguntas qué es un filósofo, te dirán que un filósofo es un señor que se ocupa de cosas que no le interesan a nadie con una terminología que, como máximo, entienden sus colegas en el mejor de los casos. Mi militancia filosófica consiste en invertir esa imagen que desgraciadamente se ha fraguado. Al contrario, un filósofo es alguien que habla de cosas que interesan a todo el mundo, universales del espíritu humano, cosas que es imposible que no afecten, y además tiene la obligación de hacerlo con la exigencia de claridad y distinción que viene asociada al nombre de Descartes. Tiene la obligación de hacerlo con transparencia. La transparencia en el lenguaje no quiere decir que después las cosas no se vean tan complejas. Yo pretendo que las interrogaciones son elementales, pero que para intentar dar respuesta a una de esas interrogaciones, toda la historia de la ciencia, toda la historia del arte, incluso toda la historia de la actividad filosófica son instrumentos insuficientes.
Un ejemplo al respecto: ¿de qué hablan los filósofos? Pues hablan del espacio. Un asunto que ya decía Aristóteles… hay un texto en la Física, maravilloso, en el que habla de él. La palabra espacio en griego es topos. No siempre se traduce por espacio, a veces se traduce por lugar. Si se traduce por espacio, esto lleva a pensar en una respuesta al problema del espacio de tipo newtoniano, muy contraria a la aristotélica. Aristóteles, cosa curiosa, cita a Hesiodo, quien decía que no hay cosa sin lugar. O sea, topos, puesto que no hay nada que no lo tenga. Y añade Aristóteles que sí, que se constata que es prodigiosa la potencia del topos, pero que nadie sabe lo que es el topos. Hay, uno, dice, refiriéndose a Platón, que tuvo la dignidad de preguntarse qué es eso. Y Aristóteles intenta dar respuestas al problema del topos. Si coges las respuestas que se han dado, desde Aristóteles hasta la topología contemporánea, pasando por la teoría de la relatividad, la revolución científica, te das cuenta de que el aristotélico problema del topos sigue sin estar resuelto. Hoy sabemos lo que no es el topos. Sabemos que no es lo que Kant y Newton pensaban: un marco vacío que tendría subsistencia sin la materia y el campo o sea, previo. Sabemos que no lo es. Sabemos que a partir de la topología contemporánea y la teoría de la relatividad obtenemos una concepción del topos que estaría más cerca de la de Aristóteles que de la de Newton. Podemos hacer un listado con las respuestas inadecuadas, pero seguimos sin saber lo que es. Pretendo que éste es el caso de todas y cada una de las grandes interrogaciones de la filosofía. Para que no parezca que me escabullo: el caso de las especies. Aristóteles es el primer biólogo de la historia. El primer especialista especializado en encontrar la especie. La palabra griega especie es eidos; que es a la vez forma y concepto. Clasificar las formas o especies es su obsesión y lo hace con unos medios muy parcos. Y no sólo es su obsesión, viene a decir que es la obsesión de todos. En el arranque de la Metafísica dice que todos los humanos aspiramos por naturaleza a eidenai, que se pude traducir por inteligir o especificar. Es decir, encontrar las formas clasificatorias de las cosas. Pues bien, Aristóteles, claro, pensaba que las especies eran eternas. Se puede pensar que ha llegado Darwin y ya ha dado la respuesta. Hombre, nadie puede no ser darviniano, eso sería absurdo, algo sin pies ni cabeza ante un tribunal de la razón como ha de ser la filosofía. Pero una vez que sabemos con Darwin que las especies no son eternas, que el tiempo también afecta a las especies, resulta que sigue abierto el problema de Aristóteles: ¿en qué consiste especificar? ¿qué es una especie? ¿en qué relación está la especie con el individuo? Claro que se hace el genoma de la especie humana, pero hacer el tuyo ya es más complicado porque incluye aspectos de aleatoriedad. Sin contar con que tu genoma está cambiando todo el tiempo. Pero eso ya lo decía Aristóteles cuando decía que no hay ciencia de lo individual. Eso es algo que los genetistas actuales saben perfectamente, que se hace el genoma de la especie pero, ¿dónde están los límites de la especie? Son interrogaciones abiertas. Y se podría hablar así de lo que tú quieras. Por ejemplo, respecto al topos, René Thom llegó a hablar de las intuiciones topológicas de Aristóteles para decir que era uno de los grandes pensadores del continuo.

Lo que dices del topos se puede decir del cronos. Se podría hablar de las grandes intuiciones cronológicas del aristotelismo, Aristóteles define el tiempo en términos casi casi análogos al segundo principio de la termodinámica. Es famosa la afirmación de Aristóteles de que el tiempo es la medida del cambio, pero se suele olvidar que él dice el cambio destructor. La medida del cambio generador no es tiempo. El proceso por el cual la simiente se convierte en planta o el esperma se convierte en un ser humano, ese proceso no es de tiempo. Para ese proceso se necesita la interacción de causas raras. La simiente se convierte en planta gracias a que riegas, entre otras cosas. Para que el tiempo haga su acción, dice Aristóteles, la cosa se basta a sí misma. Se deja a la cosa en sí y sólo hay procesos de corrupción. Él no denomina temporales a los procesos de génesis. Y señala, que, como dicen en griego, no se afirma que uno se vuelve agraciado en el tiempo. El tiempo es un proceso de corrupción. Prácticamente la definición del tiempo que se deriva del segundo principio de la termodinámica. Quiero decir con esto que las interrogaciones son eternas porque son universales del espíritu humano. Es cierto que, a veces, la historiografía filosófica se confunde con la filosofía pura, pero no. Es muy necesaria la historiografía porque, entre otras cosas, facilita que te puedas mover a lo largo de los textos. Se citan los unos a los otros, se hacen guiños porque, efectivamente, detrás hay un problema. Se puede ver el problema a lo largo de los textos, pero no se puede hacer abstracción del problema mismo.
Tomemos el problema del infinito. Aristóteles excluye el infinito. Tanto el infinito matemático como el infinito cosmológico. El cosmos es finito. He ahí otra intuición. El cosmos era para Aristóteles limitado. El modelo del cosmos de Aristóteles es una esfera, algo, por consiguiente, limitado. El modelo actual sigue siendo finito. Lo que pasa es que la esfera actual sería la esfera de Riemann. Evidentemente, no tenía Aristóteles la topología Riemanniana pero está mucho más cerca de los modelos de hoy el de Aristóteles que el de Newton. Desde esa exclusión de Aristóteles, puedes hacer una maravillosa historia del problema. Esa exclusión del infinito, en lo que se refiere al infinito matemático, parece que hubiera quedado relativizada con Newton y Leibnitz con el cálculo infinitesimal. Falso. En absoluto. Hasta el siglo XX nunca ha habido infinitesimales. El cálculo infinitesimal era falso cálculo infinitesimal, porque la noción de infinitesimal es una noción contradictoria en sí misma en el seno de los números reales. La prohibición aristotélica de un número infinito en acto, sea infinitamente grande o infinitamente pequeño, sigue vigente hasta Cantor, a finales del siglo XIX, cuando éste crea los números transfinitos y los números infinitamente pequeños. Pero eso ya no es Cantor, que los excluye, es Robinson, en el siglo XX. A mediados del siglo XX, con el análisis no estándar. El problema del infinito, fantasma de la condición humana en el cálculo cosmológico -¿quién no se ha preguntado de niño dónde acaban los límites?- es un problema universal del espíritu. Todos los problemas filosóficos son universales de la condición humana. Universales antropológicos. Yo reivindico la filosofía como un universal antropológico. Hay interrogaciones que es imposible que haya pueblos donde no estén presentes. Otra cosa es que después, por circunstancias que son anecdóticas, es decir, contingentes, esto haya cristalizado en el seno de una cultura y se pueda, por ejemplo, hablar de Grecia como el lugar de cristalización de la filosofía. Pero, obviamente, la lengua alemana o la lengua inglesa han sido más exploradoras de determinaciones conceptuales que la lengua vasca, pero es una pura contingencia. En cuanto se ha dado a la lengua vasca la oportunidad, las determinaciones conceptuales se han expresado en euskera exactamente igual que en alemán o en inglés. Digo esto porque uno de los prejuicios que tienen a veces los filósofos es pensar que hay lenguas más finas que otras. Heidegger, sin ir más lejos. Yo a Heidegger no le reprocho nada de su vida privada como que fuera un pequeño burgués que quiso ser rector. Si vamos a mirar en España la de pequeño burgueses que han querido ser rectores, ya te digo yo los que ha habido en la época del fascismo. Pero en Heidegger hay una cosa muy grave. Él llegó a decir que el alemán y el griego tenían potencialidades mientras que el latín y el francés tenían limitaciones. Eso sí que me subleva. Estaba convencido de que no todas las lenguas son intercambiables y que algunas eran más aptas para expresar las determinaciones conceptuales. Son los que creen que la filosofía es griega y que para hacer filosofía hay que saber griego. Saber griego es muy conveniente porque así puedes leer a Aristóteles directamente, pero la filosofía es un universal antropológico. Para hacer filosofía lo único que hay que saber es hablar. Hablar sí, si no hablas no hay filosofía. Pero todo sujeto lingüístico es susceptible de hacer las mediaciones en su lengua. Lo demás es muy grave. Aquí, en Europa, ha calado hondamente que la filosofía es cosa nuestra. Pero si la filosofía es cosa nuestra, cosa nostra, veramente, pues entonces es una cosa mafiosa. Las cosas interesantes de esta vida son universales. Por ejemplo la música.
La música es un universal antropológico. Por eso la reflexión sobre la música es un asunto fundamental para los filósofos. Porque no hay pueblo sin música. Eso lo han podido comprobar los antropólogos. Y no sólo eso: no hay pueblo en el que además la música no esté presente en los momentos fundamentales del orden simbólico. En el momento de la muerte y en el del nacimiento; en el entierro y el adiós.
La filosofía es simplemente observar con disposición para el necesario esfuerzo para captar las interrogaciones fundamentales que casi son las de los niños, pero sabiendo que para abordarlas, pro ejemplo, el problema del infinito, de cualquier niño, se necesita toda la historia de la matemática. Para abordar el problema de la música… porque, ¡qué es la música? ¿sirve para algo? Porque por música se entiende cosas muy diferentes, desde Cage a una ranchera. ¿Cuáles son los rasgos invariantes que permiten decir que algo es una cosa musical?. Si decimos que la música es un universal antropológico, que no hay pueblo sin música, se está diciendo, de una manera u otra, que para todo individuo, de una manera u otra, la música ha de formar parte de su patrimonio. Y en ese caso, ¿Qué pasa si alguien es sordomudo desde la niñez? ¿queda excluido? No, un concepto de música lo suficientemente rico incluye las posibilidades de hablar de música allí donde no hay ni siquiera sonido. Para abordar estas cuestiones hay que escuchar a los músicos. Para abordar este universal antropológico se necesita la complicidad de los grandes compositores, del mismo modo que para trabajar con el problema de infinito es mejor hacerlo al lado de matemáticos cantorianos. Esto no significa que vayas a sustituir tu problema por el suyo, sino que la filosofía, sin ningún complejo, es intrínsecamente vampira. Así hemos de trabajar los filósofos. No para traicionar nuestro objetivo, no para renunciar a la filosofía. Yo voy a trabajar este año con físicos. No renuncio a mis problemas, trataré de averiguar cuál es la estructura de la naturaleza. Un problema filosófico donde los haya.

¿Por qué yo no puedo prescindir de la mecánica cuántica?

Porque naturalmente (al decir naturalmente lo hago con un guiño, Aristóteles decía que está en mi naturaleza, la de los seres del lenguaje, querer ser lúcidos sobre el entorno). Desde siempre, la interrogación sobre las estructuras elementales de lo que llamamos entorno natural, es un problema para nosotros. En los presocráticos, pero en cualquier otro pueblo del que no tengamos noticia. Pues bien, la mecánica cuántica subvierte absolutamente la concepción que nos hemos hecho de la naturaleza. Y lo hace de tal manera que, uno de los colaboradores, el catedrático de Física Teórica en la Universidad de Oviedo, Miguel Ferrero, ha escrito un magnífico artículo que cito muy a menudo diciendo que la física cuántica no es magia. ¿Por qué? Porque, desde la magia a Einstein incluido se ha estado respetando una serie de axiomas en relación a lo que es el orden natural que la mecánica cuántica pone en entredicho. Veamos el gran debate ontológico, desde Aristóteles, sobre la polaridad continuo-discreto. ¿Decimos que la naturaleza es un continuo espacio-temporal o que en última instancia está constituida a base de elementos discretos? Una de las respuestas es la mecánica cuántica que yo llamo mecánica discretista. Entre otras cosas porque en el problema de la prioridad ontológica de lo continuo o de lo discreto, la mecánica cuántica pone el acento sobre lo discreto. Este es un viejo problema, y hay otros que llaman más la atención. En la historia de la filosofía hay lo que se llamaba los trascendentales. Lo decía el gran Francisco Suárez, filósofo donde los hubiera. Al final reducía los trascendentales: la condición de posibilidad del ente es al menos que se dé la unidad, es decir que todo ente es indiviso con respecto a sí mismo y dividido con respecto a todos los demás. Pues este principio de individuación queda muy radicalmente tocado por la mecánica cuántica. Y hay otros que quedan también tocados. El principio de localidad, que dice que no hay acción a distancia. La mecánica cuántica, en el experimento de ASPECT y otros posteriores ha puesto absolutamente en entredicho el principio de localidad. Pero hay cosas más sorprendentes. Por ejemplo, tú y todo el mundo, has de tener la garantía (porque si no vas perdido por la vida) de que en iguales condiciones a las mismas causas siguen los mismos efectos. Se trata de un principio de regularidad casi psicológico. El principio de causalidad anuncia que en ausencia de variables nuevas, a idénticas situaciones siguen los mismos efectos. Esto, en el formalismo matemático de la mecánica cuántica queda absolutamente puesto en entredicho. Son asuntos que afectan a los físicos en sus prácticas y que, filosóficamente, suponen la mayor subversión en la historia del ente y viene dada por la decadencia. Al decir subversión en la historia del entre quiero decir subversión en las interpretaciones que nos hacemos de la entidad. La mecánica cuántica constituye la mayor subversión ontológica, entendiendo por ontología el logos que nos hacemos del ontos. Muchos de los principios que el propio Einstein reivindicaba como condición de posibilidad de la naturaleza, los citados, pero el de continuidad, el de realismo, están puestos ahora en tela de juicio. Y lo que digo es que un filósofo que se ocupa de la naturaleza y de lo que se llamaba filosofía de la naturaleza no se puede permitir hacer abstracción del formalismo matemático de la mecánica cuántica. Porque ese formalismo tiene corolarios ontológicos de una trascendencia abismal.

¿El conocer de la filosofía se haría a a través de las ciencias?

No necesariamente porque la razón no es exclusivamente razón cognoscitiva. Lo que quiero decir es que si se trata de conocimiento no se puede hacer abstracción de la ciencia. Si yo quisiera, y quiero, hacer una reflexión que antes se hubiera llamado Philosophia Naturalis, al fin y al cabo es lo que hizo Newton, no puedo prescindir de esos elementos de información que son la mecánica cuántica. Tampoco de la teoría de la relatividad. Porque el peso ontológico de la teoría de la relatividad no consiste en que se relativice el espacio, es que, como el espacio newtoniano y kantiano era absoluto pro definición, relativizarlo es suprimirlo. La esencia de la teoría de la relatividad está en una frase de Niels Bohr, premio Nobel de Física e interlocutor de Einstein, en la que dice que el espacio y el tiempo no tienen realidad física. O sea que se acabó. Y pese a todo digo que la mecánica cuántica es una subversión más radical que la teoría de la relatividad, entre otras cosas porque decir que el espacio y el tiempo no tienen realidad física alguna es una cosa trivial en las consecuencias ontológicas. De hecho, Einstein salva otros elementos de la física sacrificando espacio y tiempo. Lo que quiero decir es que si quiero hacer una filosofía de la naturaleza rigurosa necesito estar al corriente de esos debates. No puedo prescindir del formalismo matemático, pero tampoco de la genética. Y eso porque ya desde Aristóteles sabemos que hay modalidades diversas de naturaleza. Hay una naturaleza más primitiva, más elemental, de la cual se ocupan los físicos. Luego hay una gran subversión en la historia natural que es la aparición de la vida y hoy con la genética tenemos un arma fundamental en saber qué significa esa aparición. Y yo pretendo que hay una tercera subversión, quizás la más radical de todas, que es la aparición del lenguaje. Los teólogos decían que el verbo se hizo carne, yo no tengo la menor duda de que la carne se hizo verbo, el gen se hizo lenguaje. O no estaríamos aquí hablando.

¿Es el lenguaje el elemento constitutivo de la conciencia?

El lenguaje es el elemento fundamental constitutivo de la conciencia humana. Yo no excluyo que haya otras modalidades de conocimiento y de conciencia. Los animales tienen conocimiento, aunque éste no pase por el lenguaje. Ya Aristóteles sospechaba que el conocimiento de los animales era un conocimiento empírico, es decir, de individuos. Hoy se podría matizar: también acceden a tipología, pero esas tipologías no son de orden eidético. No están mediatizadas por conceptos. Por definición. El lenguaje es un código de señales muy poco modesto. El código de señales de las abejas está al servicio de la especie. El de los humanos ha dejado de serlo. Los códigos de señales emiten información, pero si yo digo “la piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas” yo no estoy emitiendo información alguna. O en todo caso, la información sería falsa. Y si añado “porque la piedra tiene simientes y nublados, esqueletos de alondra y lobos de penumbra”. Se puede intentar reducir esto a una información, pero es un poco bruto. Es que habla el propio verbo, el lenguaje mismo, que es muy ambicioso y que aspira asimismo a recrearse. Y se recrea a través del arte, concretamente de la poesía. Y de la ciencia. Yo defiendo que la ciencia es, en eso coincido con René Thom, un acto de búsqueda de inteligibilidad. Las aplicaciones posteriores de la ciencia no tienen nada que ver con ella misma. La ciencia aspira a la inteligibilidad y, por añadidura, como una especie de residuo, aparecen los aparatitos. Obviamente, lo importante son los corolarios que se siguen de los formulismos matemáticos de la mecánica cuántica. Cuando la teoría de la relatividad se enuncia y se destruye ni más ni menos que la objetividad física del tiempo y el espacio, no hay ninguna exigencia práctica para meterse en ese berenjenal. Cuando en el siglo XIII se está discutiendo si la tierra era redonda o plana, las consecuencias del problema eran nulas, aunque te pudieran quemar. Luego sí las hubo. Te quemaban por la teoría. theorein es, en griego, ver. Y no olvidemos que el theoretikon es el espectador del teatro: el que ve. La filosofía es simplemente la expresión paradigmática, casi cristalina, del esfuerzo del hombre por enriquecer su naturaleza, lo que significa enriquecer el lenguaje. El lenguaje se enriquece no sometiéndose pasivamente a los prejuicios sino trabajando para desmantelarlos y fraguar una frase nunca dicha o una fórmula jamás concebida. Yo les digo muchas veces a mis alumnos de letras: si llegáis a entender la fórmula de la relatividad restringida, no seréis Einstein, pero habréis tenido su misma emoción. El lenguaje se queja si no es potenciado. La filosofía tiene que nutrirse a la vez de Einstein y Gracilaso, del trabajo de los demás.

Lea la biografía de este autor.

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1 comment to Entrevista a Víctor Gómez Pin

  • Vivi

    Un placer poco común el que nos produce encontrar una página tan rica en conocimientos como la vuestra. Por lo tanto, mis felicitaciones. Comentar a personas que tanto saben, que tanto hay leído y estudiado, que tanto se han dedicado, se han informado, que han logrado acercarse a la sabiduría es muy difícil, casi una osadía pero remitiéndome a la última parte de tu entrevista (Si me permites el tuteo) creo que lo que yo puedo aportar me lo dan los años. Años en que una se cuestiona mucho todo, trata de sacar conclusiones de todo y allí está para mí la respuesta en el “todo”. Cada cual desde su lugar debe aportar a un todo, al fin y al cabo, el mundo lo es, un todo representado por científicos, poetas, músicos, escultores, etc. Cada cual aportando un poco para lograr entender ese todo. Y como lo es, entiendo lo que dices del lenguaje, solo hay que saber que hay algo más y a ese algo más es el que se mantiene oculto. Habrá que seguir buscando. Me inclino más por la filosofía que por la física pero entiendo que una se complementa con la otra, sin esa unión no se puede llegar al conocimiento. Felicidades, Vivi

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