¿Qué es el libre albedrío? Por Eduardo Angulo

This post is also available in: Inglés, Catalán

Me preguntan por el libre albedrío. Fácil respuesta y difícil justificación. Creo, y cada vez con mayor convicción y basándome en los recientes estudios de neurobiología, que somos, a pesar de nuestro orgullo y presunción, poco más que una “sopa de hormonas”. Bueno, quizá algo más complejo, aceptaría una “sopa de hormonas y neurotransmisores” o, en definitiva, una “sopa de mensajeros” que recorren nuestro cuerpo, de célula que los sintetiza a las células diana, ordenando cuál de ellas debe de funcionar, o dejar de hacerlo, o dividirse, o diferenciarse o, incluso, suicidarse. Dicho así, parece que poco margen nos queda de libre albedrío para decidir qué camino tomar en las múltiples y paradigmáticas encrucijadas de la vida. Sin embargo, este párrafo encierra un enigma muy en relación con el libre albedrío: quién es ese “nos”, esa identidad a la que, al parecer, tanto le encanta decidir en libertad. Además, también nos podemos preguntar por qué importa tanto decidir en libertad cuando lo más cómodo es seguir la corriente y vivir en “un mundo feliz”.

A la primera cuestión, al “nos”, la respuesta que asoma es que esa identidad es el resultado final del cocimiento de esa “sopa de hormonas y neurotransmisores”. Es la suma de aromas y sabores que hace tan especial, diferenciable e imprevisible a cada individuo de nuestra especie.

Y, en segundo lugar, la respuesta a por qué nos importa tanto decidir en libertad, o creer que lo hacemos, que para el caso da igual, está en la misma tan citada “sopa”. Cada vez que tomamos una decisión, nuestro organismo nos deja satisfechos y contentos con un buen chute de endorfinas, esos mensajeros que sintetiza nuestro organismo y que tanto se parecen a las drogas vegetales (opio, cannabis,…) que tanto gusto nos dan, precisamente por lo que se parecen a las moléculas con que nuestro organismo nos recompensa.

Nos queda una última cuestión (si es que existe esto que se llama “última pregunta”), y es por qué  nuestro organismo nos premia cuando creemos decidir en libertad, o sea, qué ventaja evolutiva tiene pensar en libertad, o creerlo. Quizá  sea porque las decisiones libres proporcionan a cada individuo de nuestra especie una mayor flexibilidad en la conducta, un variado margen de soluciones a los problemas, una vida más larga y una mejor reproducción y más descendientes que, con esos genes, seguirán utilizando el libre albedrío.

En conclusión, somos libres porque nuestro organismo, desde el punto de vista evolutivo, nos recompensa por ello, pues las decisiones libres son esenciales en la historia evolutiva de nuestra especie.

Más artículos de este autor.

Más respuestas a esta cuestión.


Share and Enjoy:
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Yahoo! Buzz
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • Bitacoras.com
  • Google Buzz
  • Meneame
  • Reddit
  • RSS

Leave a Reply

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>