El futuro – Por Andrés Moya

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Supone esto la idea de progreso.

No tengo una idea formada, aunque por lo que voy a decir parezca que afirmo que hay un cierto progreso en la dinámica de nuestra propia especie, en la dinámica de la propia evolución biológica. Seamos o no un producto contingente de la naturaleza, y estimo que lo somos. A mis estudiantes les hago esta reflexión: si los dinosaurios no se hubiesen extinguido hoy estaría el planeta poblado por dinosaurios inteligentes ¿Cómo hubiera podido ser el futuro en caso de que un cataclismo no los hubiera hecho desparecer? No hay que excluir a priori que aquellos seres no hubieran podido evolucionar a formas inteligentes. Se extinguieron y coexistían con ellos unas musarañas, unos pequeños mamíferos que pudieron sobrevivir y se produjo la evolución rapidísima, en pocos millones de años de esos mamíferos. Nosotros somos un producto de esa evolución. No diré que haya ahí un progreso intrínseco, pero uno se da cuenta de que en la dinámica de la evolución los seres se van haciendo más complejos. ¿Es eso progreso? Otro asunto es si nos centramos en el progreso de nuestra propia especie. Nuestra especie se caracteriza por cierta capacidad, al principio poco inteligente, de intervenir en la naturaleza. Y esa capacidad es cada vez más inteligente. Somos interventores natos sobre todo lo que nos rodea. En cierto modo somos una especie que toma decisiones sobre la base de un juego de posibilidades de futuro. Sobre una base de opciones, esto tiene relación con la noción de libertad. Volviendo la idea de progreso: nuestra especie ha intervenido, está interviniendo progresivamente en la naturaleza, con efectos que han sido intrascendentes mientras hemos sido poco abundantes. Ahora somos muy abundantes y los efectos son más dramáticos. Muchos son negativos, pero otros muchos no lo son. Yo hago un canto de esperanza a la capacidad de intervenir inteligentemente en la naturaleza y, por lo tanto, en nosotros mismos. Recientemente ha salido un texto de que habla de estas mismas cosas. ¿Cuál es el futuro de la humanidad? Está en nuestras propias manos. La capacidad de intervenir con inteligencia en la naturaleza es creciente. Hasta ahora hemos ido transformando el mundo con más o menos inteligencia, pero no nos queda más remedio que aplicar más si no queremos desaparecer del planeta. En el fondo es llevar la intervención a sus máximas consecuencias. Esto puede suponer un choque frontal con grupos o movimientos ecologistas que hablan de preservar los espacios naturales, de una naturaleza primigenia y del hombre como un elemento que ha estado degradando el planeta. Pero me da impresión de que, aunque haya habido consecuencias y promovido una cierta degradación, no nos queda más remedio que intervenir porque en una intervención inteligente está la base de nuestra propia preservación. Soy incapaz de predecir cómo será nuestra especie dentro del 100 o 150 años, no lo puedo ni imaginar, precisamente por la capacidad de intervención que vamos a tener. En Genética, que es a lo que me dedico, hay nuevas disciplinas, nuevas materias, la biología sintética, la síntesis artificial de organismos, nuevas tecnologías de intervención sobre nosotros la robótica, la computación… Parece ciencia ficción pero creo que vamos a asistir a profundas transformaciones. No sé socialmente de qué naturaleza, porque sobre eso no he reflexionado. He reflexionado sobre los grandes avances en ciencia. Muchos de ellos no eran, ni por asomo, previsibles. Por ejemplo, Internet, la conexión entre todas las personas del plantea, era imprevisible y está teniendo una consecuencias trasformadoras inmensas con efectos obre la sociología y el comportamiento de las personas. ¿Es progreso? Transformación y cambio en una dirección determinada, sí. Y la impresión que tengo es que esa capacidad de intervenir va a ir a más. De intervenir y modificar. Lo Lo que se dispara con el incremento de los flujos de información.

Estamos sumergidos en un mundo de información. En biología computacional distinguimos entre lo que son los datos y lo que es información. Procesar inteligentemente los datos es un ejercicio complejo. El dato abunda de una manera espeluznante. Es desbordante, pero poniéndolo en positivo, tenemos una oferta de datos que exigen quitárnoslos de encima porque no tenemos capacidad para procesar todo lo que las nuevas tecnologías nos transmiten. De hecho, esto se puede considerar un elemento de intervención del hombre en la sociedad, probablemente también en la naturaleza. Parto de ahí y tengo en cuenta las ciencias emergentes, particularmente la biología sintética, que combina los aspectos más avanzados de la biología con los aspectos más avanzados de la computación y la ingeniería, que permite el diseño de organismos, de circuitos a la carta. Y ya se habla de entes nuevos, que no existen: entes vivos que no han existido nunca. Un producto de la actividad humana. ¿Hasta dónde podemos llegar, sin entrar en la ética de estas acciones? Ahí hay un principio muy importante de transformación. En la historia de las sociedades humanas, muchos inventos proceden de descubrimientos técnicos que pudieran parecer irrelevantes. La rueda no es irrelevante, tampoco la imprenta. Y se hallan en la base de transformaciones sociales importantes.

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