La moral – Por Juan-Ramón Capella

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En su visión colectiva, parece pesar la idea de que la felicidad no ese puede dar en soledad.

Incluso es difícil concebir a un hombre sin hablar. Y el habla es dual. Hablar para un mismo es imposible. No tendríamos lenguaje. Nos han enseñado a hablar como nos han enseñado a ponernos derechos y eso es un elemento básico: que vivamos en un sistema mucho más social de lo que se ve normalmente. El lenguaje nos muestra muy directamente la sociabilidad, no, mejor la socialidad natural del ser humano. Ahora he dicho natural. El estar en común, el poder hablar dependen del otro. Lo podemos ver en otro terreno que es el de la moral. Por ejemplo: uno puede ser un honrado ingeniero, un bioquímico, que investiga las propiedades de determinados cuerpos. Trabaja, se va a su casa, tiene una vida absolutamente normal. Pero el producto de su trabajo es integrado en un sistema de armas, y ese sistema, diseñado por otros científicos, finalmente es utilizado por militares, según la decisión de unos políticos que han pensado que hay que utilizar ese sistema de armas contra unos pobres desgraciados campesinos de, digamos, Vietnam o Afganistán. Ocurre que entre el final, el arma que mata al pobre desgraciado, y el principio, una investigación absolutamente honesta de alguien, hay un complicado laberinto de acciones entrelazadas unas con otras que, además, son artefactuales. Porque ese científico no hubiera podido investigar nada sin unos instrumentos que han diseñado otros. Esto significa que, en nuestro tiempo, por ese carácter tan complicado de la vida social, las responsabilidades morales de los actos son muy difíciles de seguir. Y nunca se puede saber si uno mismo no puede ser instrumentalizado en el futuro para algo indecente. Esta es una de las características notables de la historia de la sociabilidad de esta sociedad nuestra. Esto lo desarrollé en mi libro Ciudadanos siervos, porque me parece un asunto importante n torno a la moral. Hay muchas acciones que interaccionan con los demás, con artefactos y, finalmente, ¿dónde está la responsabilidad? Aquello que yo hice, que acabó de tal manera ¿es responsabilidad mía o no? Ahí se diluyen muchas cosas.

Esto enlaza con una pregunta que usted formula en sus memorias: ¿Cómo fundamentar la moralidad?

¿Cómo fundamentar la moralidad? Con el propio proyecto. No hay más fundamentación que la manera de concebir el vivir junto a los otros.

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