La naturaleza humana – por Juan-Ramón Capella

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En sus memorias sugiere que, al ver determinados comportamientos, dejó de creer en la bondad del género humano.

Tanto no. Lo que digo es que no podía ya creer en el buen salvaje de Rousseau. Y creo que se debe sostener. Los seres humanos somos animales predatorios, capaces de todo. De crear la música de Bach y de las mayores matanzas e injusticias posibles. Todos somos así. Si no somos, vamos a decir, malos, es porque nos educamos para no serlo, porque proyectamos no serlo. Es el título de la canción de Boris Vian, Yo no he venido a este mundo a matar a nadie. Una posición de principio bastante buena. El buen salvaje de Rousseau está metido en la filosofía de la Ilustración, que es brutalmente individualista y, sobre todo, ahistórica. Rousseau no tiene idea de cómo eran las sociedades primitivas, de cómo eran nuestros antepasados históricos. Nosotros tenemos la suerte de que conocemos sociedades como fósiles que han durado hasta hoy o, cuando menos, hasta los años setenta. Gente que vivía en condiciones parecidas a las que debieron de tener nuestros antepasados más lejanos. Sabemos como vivían y no eran precisamente sociedades de buenos salvajes. Eran sociedades donde a veces se conseguía ritualizar los conflictos, pero eran sociedades conflictivas. La bondad innata de los individuos es…

¿Hay una concepción de la naturaleza humana tras la idea del Derecho?

El pensamiento iusnaturalista, que he combatido toda la vida porque me tocó padecerlo cuando era estudiante, reaparece una y otra vez en su versión formalista. Por ejemplo, Adela Cortina. Se permite escribir artículos con una visión iusnaturalista kantiana como si no hubiera pasado nada. Como si estuviera claro lo que es justo y lo que es injusto, lo que es bueno, lo que es malo, lo que es la ¡ley!, lo que es la obediencia a la ley. No se cuestiona nada de esto. Es un pensamiento que no se da cuenta de la falta de fundamento de nuestras convicciones culturales. Nuestros convencimientos culturales no están anclados en nada sólido. En ningún principio kantiano, en ningún principio platónico abstracto. General que diga “hay que hacer esto y no hay que hacer aquello”. No, son convenciones históricas que se han ido afirmando y, en cierto sentido podemos decir que para bien, siempre que no pensemos en todas las barbaridades que se han hecho en el siglo XX y que se empiezan a hacer en el XXI. Nuestra cultura es convencional, histórica. Sociohistórica. No hay naturalismo ninguno. Debajo de todo, detrás de todo, no hay nada que sea natural a lo que podamos aspirar a volver o que nos pueda inspirar. Creo profundamente en la falta de fundamento de todo y en la convencionalidad histórica de las diferentes culturas. Hay millones de chinos que son gente descreída, que no cree en Dios. La idea de Dios no les inspira para nada, a diferencia de lo que ha ocurrido en las sociedades occidentales, ya no digamos entre los puritanos norteamericanos. ¿Por qué? Es una convención que se ha formado históricamente, ligada a resolver los problemas de la vida cotidiana, sin pasar por demasiadas metafísicas. Nosotros no hemos seguido esa línea desde los Reyes Católicos en adelante. Todos los monarcas europeos han tratado de hacer de la religión una cuestión de Estado.


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