La muerte y el sentido de la vida – por Juan-Ramón Capella

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Usted se ha dedicado a la Filosofía del Derecho, pero su último libro son memorias. ¿Un texto así, se escribe para la posteridad?

Tengo en la cabeza una sentencia de Keats: “Yo soy aquél, cuyo nombre está escrito en el agua”. Me pareció espléndida como consideración de lo que es la posteridad por parte de un gran poeta. No pienso en posteridades largas, porque sé el tamaño y la utilidad de lo que hago. Es para gente muy cercana, gente viva. En este caso, la memoria ha sido inducida por la reescritura de la historia que se ha hecho en estos últimos 30 o 35 años. Se ha reflexionado poco sobre el pasado. Creo que ahora tengo una visión más completa de lo que fue, por ejemplo, el PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña, equivalente al los partidos comunistas, formado por agregación de diversas formaciones durante la guerra civil de 1936-39), que fue el gran partido de la oposición antifranquista y se diluyó en la nada en pocos años. Y lo mismo de las personas que se entusiasmaban haciendo cosas muy peligrosas entonces y que luego se acomodaron con gran facilidad al sistema de ahora. Me pareció que contar esa experiencia y de dónde se venía era importante para no dejar pasar sin protestar la narración falsa de una historia que es mucho más compleja de lo que se suele decir.

Pero ha optado por una memoria personal. ¿Por qué no un libro de análisis?

Por dos razones subjetivas. Una, que en el momento en que arranqué no era capaz de hacer análisis. Estaba demasiado preocupado por la posibilidad de que mi vida terminara pronto. Dos, que sabía que llevo un narrador dentro. Incluso mi trabajo en el campo de la Filosofía Política y la Filosofía del Derecho ha sido muy narrativo. Quería probarme en este campo porque creía que lo podría hacer bien.

La muerte cambia la visión porque sin ella todo sería distinto. ¿Es lo que da sentido a la vida?

No. La muerte es lo que quita el sentido a la vida. La vida se puede vivir y bien, en las peores circunstancias, mientras tengas un proyecto. Cuando no se puede llevar adelante, la vida carece de sentido. Esto lo he oído a otras personas que estaban en situación real de perder la vida y estoy de acuerdo. La vida tiene sentido mientras hay un proyecto al que servir o perseguir. Si no, la vida es un mero hecho biológico.

En el volumen habla usted de dar sentido a la existencia. ¿Cómo se le da sentido?

Aceptando un proyecto y rechazando otros. En la percepción filosófica yo soy más bien negativista que afirmador de cosas. Colegas míos y grandes autores como Perelman y Amartia Sen han dedicado muchas páginas a la idea de justicia. Páginas y formulaciones muy acabadas por parte de Sen y de su escuela. Sin embargo, en este mundo la justicia no existe. Lo que existen son las injusticias. La gente ha dedicado muchos esfuerzos a elaborar teorías de la justicia y cómo se consigue, en qué consiste. Más o menos sabemos en qué consiste. Lo sabemos formalmente. Pero a la hora de la verdad, lo que de verdad hay son injusticias, muchas veces de gente que no tiene voz para expresar la injusticia que se le hace. Y creo que esta percepción negativa es más fecunda para el pensamiento y para la acción que la visión más bien platónica o modélica, kantiana, si se quiere, acerca de lo justo, lo bueno.

¿Cuándo usted habla de un proyecto se refiere a uno colectivo o a uno individual?

En mi caso es un proyecto colectivo pero para un artista puede ser un proyecto individual. Estos días pensaba en el caso de André Weil, el hermano de Simone Weil. Este hombre ha sido uno de los grandes matemáticos del siglo XX. En el momento en que estalla la II Guerra Mundial, a diferencia de su hermana, se va a Finlandia y se niega a volver a Francia para combatir en una guerra a los alemanes. Toda la vida la tuvo que pasar en Estados Unidos porque en Francia era mal vista esa actitud de objetor a una guerra que era defensiva y, probablemente, no injusta. Era matemático, y sabía que podía aportar más a la humanidad como matemático que como persona miope llevada al frente a ejercer de oficial de artillería o algo semejante. En este caso, el proyecto individual estaba justificado.

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