El libre albedrío – Por Jesús Zamora

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Con esto queda claro que para usted existe y tiene sentido la noción de libre albedrío.

Bueno, por supuesto que existe la noción de libre albedrío. Es más, existen muchas nociones distintas de libre albedrío y muchos filósofos utilizan nociones un tanto distintas. La cuestión es si los seres humanos -o las lagartijas, o los ordenadores- tenemos libre albedrío o no. Cuando me refería a las lagartijas, me refería a ciertas capacidades empíricamente contrastables que los seres humanos tenemos y las lagartijas no. Nosotros podemos elegir entre un número de opciones mucho mayor que aquellas entre las que puede elegir la lagartija, pero eso se debe sobre todo a que la complejidad de nuestro cerebro -entendida desde el punto de vista biológico, no desde el punto de vista cuántico- nos permite imaginar muchas más alternativas que la lagartija, que a lo mejor solo es capaz de imaginar si se pone al sol o se pone a la sombra. Nosotros tenemos la capacidad de imaginar muchas opciones diferentes y también la de ajustar nuestra conducta para elegir unas u otras. Esta capacidad se puede describir perfectamente sin la necesidad de introducir una noción metafísica de libre albedrío, que supondría una especie de violación de las leyes físicas y para la que yo no veo ninguna necesidad. Me parece que lo que debemos hacer es observar cómo es el comportamiento de los seres humanos, cómo es el comportamiento de otros animales, y entonces referirnos a esas diferencias -que entendamos que pueden referirse a una mayor capacidad de elección- como libre albedrío, pero estamos dentro del ámbito de la ciencia empírica, no dentro del ámbito de la metafísica o la filosofía.

Para decirlo con Spinoza que decía: “llamamos libre albedrío al desconocimiento de las causas de nuestro comportamiento”.

Exacto. Yo estoy completamente de acuerdo con eso. Por ejemplo, si yo tengo un trozo de chocolate en la mano y estoy decidiendo si me lo como o no me lo como, lo que observo por introspección es que en un momento determinado decido comérmelo y observo también que he tenido un proceso de deliberación en el que el deseo de comérmelo y el deseo de no engordar -o de no aumentar mi colesterol o lo que sea- compiten, pero lo que no observo de ninguna manera es el proceso causal que lleva desde el proceso de deliberación a la decisión. Es no lo observo: yo observo la decisión como observo que me sale un grano, no es algo que yo vea cómo surge. Posiblemente, si tuviéramos un conocimiento más preciso -como pensaba Spinoza- de cuál es el mecanismo causal que lleva desde el proceso de deliberación al proceso de decisión, veríamos que no hace falta suponer que interviene un ente que viola las leyes de la física ni nada parecido.

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