El arte – Por Marcelo Pakman

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Poética está aquí utilizada en contraposición a praxis.

Sí.

El proceso asociado a la creación, al arte. Pero hoy el arte está en camino de dejar de ser un acto singular.

Absolutamente. Esa es un poco la historia de la Estética como disciplina: domesticar también al arte, no vaya a ser que se escape de la universalidad. Es un proceso permanente, como los cibernéticos han entendido siempre muy bien, en el que estamos siempre mordiéndonos la propia cola. Como el uroboros, la serpiente que se come a sí misma. No hay descanso en el proceso de atravesar los estragos que sobre el proceso de singularidad puede causar la razón abstracta, la universalidad extrema. .

En su libro se narran no pocas historias reales, pero también se parte de la literatura, aceptando que la ficción también describe el mundo.

El término que más utilizo es imaginar: la imaginación. En una tradición, como digo, un poco averroísta.

Hace un uso muy libre de Averroes en el que omite lo que más se le conoce: la teoría de la doble verdad: una para la religión, otra para la ciencia o la filosofía.

Me ha ocurrido como a todos los que tienen un tema que les obsesiona. Es el tema el que hace que tomes diferentes aspectos de varios autores que ha dicho algo al respecto, sin tener que ir a la obra completa de cada uno de ellos.

En la segunda parte cita a Susan Sontag, contraponiendo en el hombre lo que es frente a lo que hace. Pero hay también referencias a Sartre, que defendía que el hombre no es más que sus propios actos. Por ejemplo en Huis clos (A puerta cerrada)

Para mí, el punto de contacto con la posición sartriana es que Sartre estaba sumamente preocupado por la objetivación. De ahí la idea de que el único objeto perfecto es el objeto acabado. Ese objeto acabado es el objeto de lo ya dicho, al que yo he hecho referencia y en el que los “psi” nos hemos especializado. El trabajo de lo poético es el continuo descubrimiento de lo que abre los objetos, lo que les quita la perfección, los resucita de ese momento esencial terminado, muerto del que hablaba Sartre. Ése es el verdadero trabajo terapéutico.

Da la impresión de que el terapeuta procure que el que habla acceda a lo que no era consciente, es decir, la conciencia. Pero no queda claro si se trata de la conciencia o de la autoconciencia.

De lo que habría que escapar permanentemente en la terapia es el Huis clos sartriano. Cualquier sesión terapéutica es un Huis clos. Y ése es el desafío de la terapia: estar permanentemente tratando de encontrar aquello que somos, más allá de lo que oficialmente somos. Toda sesión de terapia se produce como si fuera un ensayo de una obra de teatro, donde el paciente viene con su guión y dice: “Doctor, por favor, lea su parte”. Y nosotros vamos también con un guión semejante donde está la parte del paciente. A veces esas partes coinciden fantásticamente y lo que sucede se llama psicoterapia, pero es una psicoterapia totalmente programática, una psicoterapia huis clos. Todo tiene sentido pero no va a pasar nada realmente nuevo. Vamos a estar simplemente recreando guiones. Lo interesante se da cuando uno encuentra el modo de rechazar el papel que le ha tocado en el guión. A eso le llamo crítica efectiva: no entrar en ese papel que ya está determinado y ver hacia donde lleva. No es cierto que sin eso tenemos el vacío. Lo que tenemos es la singularidad de lo poético: algo lleno de cosas. Ordinarias no extraordinarias. Lo que nos hace pensar que es extraordinario es esa amenaza permanente de las fuerzas micropolíticas dentro de las que funcionamos, que nos están permanentemente alertando: “Ojo con alejarte de tu método. Hay que seguir el método. Hay que ser científico. Hay que entrar en lo que es universal, lo demás es algo desprestigiado que no va a ningún lado, que no tiene evidencia”. Una palabra fundamental en este momento. Fundamental en la filosofía analítica, también: la evidencia. Esas son las fuerzas que hacen que reencontrar lo singular, lo poético valga la pena como desafío crítico en este momento.

Sería como ese método Stanislavski en el que se pide al actor que reconstruya lo que no está escrito.

Ese método sería interesante porque señala un territorio que no es totalmente ajeno a lo que yo estoy hablando, con otra terminología y en otro sentido. Lo que pasa es que Stanislavski fue rápidamente tomado por la cultura americana que procesa cosas como que lo que hay que hacer es encontrar al verdadero ser, al verdadero sí mismo, detrás del aparente sí mismo. Y ahí vuelve a cerrar la cuestión. La cultura americana es muy buena en adoptar las cosas y domesticarlas. Transformó rápidamente lo que Stanislavski señalaba, que no está lejano a lo que yo estoy diciendo, transformándolo en “hay que salir del huis clos de nuestro “self” aparente para encontrar al verdadero.” Y entonces ya nos relajamos y volvemos al huis clos.

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