El sujeto – Por Marcelo Pakman

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Usted reivindica la singularidad frente al estereotipo o, si lo prefiere, del individuo frente al modelo.

No del individuo, de la singularidad. Porque una de las maniobras interesantemente micropolíticas que han sucedido ha sido identificar singularidad como algo propio del individuo. Pero la singularidad de la experiencia, lo que es único en nuestra experiencia, no es necesariamente algo que está en un adentro que coincide con los límites de la piel individual.

Y por ahí llega usted a la noción de sujeto asociada a la de sujeción y a las determinaciones de saber y de poder. Entendiendo poder como algo que se ejerce, en el sentido de Michel Foucault.

En efecto. El proyecto foucaultiano, tal como yo lo entiendo, era ir demoliendo el sujeto de la filosofía, mostrando todas sus sujeciones. Y su proyecto máximo era prescindir de ese sujeto. Pero no prescindir como lo hacía Althusser. Él también quería prescindir del sujeto, pero lo reemplazaba por otro sujeto idealizado, aunque sea paradójico decir esto en el caso de Althusser: el sujeto social, el sujeto de la ciencia y, en última instancia, del partido.

Pero eso, en Althusser, forma parte de la concepción teleológica de la historia, de la idea de que la felicidad tiene que llegar necesariamente, para afirmar la necesidad de la acción humana y de la voluntad.

Sí. Y lo de la voluntad es muy importante porque se trata de un proyecto, en buena parte, voluntarista. Y por ahí termina coincidiendo con proyectos históricos que no tienen nada que ver con el marxismo. Por ejemplo con, no lo vamos a llamar proyecto sino cosmovisión protestante, donde la voluntad reina indiscutidamente.

Gusta usted de las etimologías, pero no hace la de la noción de sujeto, que remite, en origen, a una categoría gramatical.

En algún momento menciono la idea de sujeto como sustancia y cómo, aunque el concepto se mantuvo, fue diluyendo progresivamente las cualidades de esa sustancia. Pero el sujeto de la filosofía, que es el sujeto del psicoanálisis, el que reina en la psicoterapia, es como una versión secular del Dios desconocido trascendente. Está siempre en un rincón, presidiendo todo lo que pasa.

A lo que me refería es al carácter gramatical, a ese primer momento en el que Dios y el lenguaje se confunden.

Es cierto que parto de algunas etimologías, pero en el caso del concepto de sujeto, me interesó más la disolución de lo divino. El modo en que el concepto de sujeto avanza, en la medida en la decadencia del concepto de Dios. Mientras Dios está moribundo, el sujeto se va haciendo cada vez más sano. Crece. En Paralelo al reinado temporal del Hombre, con mayúsculas. Aún no había feminismo en esa época.

Este sería el sujeto del conocimiento, que expulsa a Dios de la biología, la astronomía, la historia. Un sujeto epistemológico.

En efecto, un sujeto epistemológico. También hago referencia a un antecedente del sujeto, aún sin ese nombre. Es la importancia que tenía para Santo Tomás la idea de que el alma había de poseer una identidad. Identidad que era muy importante porque es lo que permitía que algo fuera salvado. No habría nada que salvar si no hubiera una identidad claramente definida.

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