¿Qué es el libre albedrío? Por Manuel Pelegrina

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Existe una sensación personal de que cada uno puede “hacer lo que quiera” hasta cierto punto. Puede ir o no al fútbol, puede llamar o no a un amigo para salir, puede trabajar más, etc. Sin embargo eso es sólo una ilusión, porque esas mismas elecciones estaban ya “programadas” como posibles acciones dentro de unas coordenadas determinadas. Así, alguien que viva en una tribu en un desierto africano no podrá ir al fútbol de ninguna manera, quien llama a un amigo para salir sabe que no puede llamar a otro amigo, son incompatibles y todo acabaría mal, quien piensa en trabajar más se pone enfermo o lo despiden, etc.

Por otra parte, por muy extraña e infrecuente que sea una conducta ésta nos puede ocurrir a nosotros: encontrarnos con un atraco, con un accidente, puede tocarnos la lotería, e incluso poniendo todos nuestros esfuerzos económicos e intelectuales podemos “producir” hijos incompetentes, asesinos, etc. Aunque eso no sea lo habitual, pero puede ocurrir. ¿Porqué?

Todo lo anterior indica que vivimos en una red de conductas aprendidas y que podemos elegir entre ellas, pero esa elección está bastante determinada por otras conductas y por la combinatoria de todas las que tengan posibilidad de ocurrir, con más o menos frecuencia, o siguiendo leyes probabilísticas.

No obstante nuestra conducta pretende por todos los medios desafiar este determinismo. Queremos ser libres, y hay personas, sobre todo los creadores (artistas, científicos, investigadores o artesanos de cualquier especialidad) que cuando observan algo por primera vez antes que nadie, después de un experimento de laboratorio, o cuando consiguen pergeñar una frase original, sienten algo parecido a la libertad. La libertad es un desafío ganado a la naturaleza cuando ésta se resiste a ser conocida.

Creo que sabiendo nuestro determinismo económico, el control ideológico y programado, nuestras limitaciones físicas, el control de la conducta mediante los medios de comunicación de masas, incluso dentro de una privación real de la libertad. Creo que a pesar de todo eso, tenemos que hacer lo imposible por vivir sensaciones de libertad. El poeta Miguel Hernández escribió bellísimas obras sobre la libertad en la cárcel y enfermo, derrotado y sólo, pero escribió. Hoy eso mismo sigue ocurriendo.

La mayoría de nosotros vivimos en democracia y la democracia nos ofrece posibilidades para ser libres dentro de los controles propios, pero los informes sobre la “cantidad de miedo” o la inseguridad que tienen los ciudadanos resulta que son mucho mayores en los países de cultura occidental y democráticos, y es que las perversiones de la democracia permiten la manipulación y el control de las conductas, y la producción de ciudadanos muy sensibles al miedo es una realidad cotidiana. Esos son los fundamentos de la depresión y de la ansiedad tan comunes en nuestra sociedad y que suelen ser hijos del estrés y del miedo. No obstante, a pesar de que casi todas las evidencias indican la imposibilidad del libre albedrío, y a pesar de todos los controles a los que estamos sometidos, es muy bueno saludable sentir de vez en cuando la seguridad y la ilusión que produce la libertad.

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